miércoles, 30 de noviembre de 2011

LA ENCUESTA MÁS CONFIABLE.

LA ENCUESTA MÁS CONFIABLE.
Edgard J. González.-


Una encuesta es un producto, emanado de una empresa que cobra por prestar ese Servicio, procurando un Margen de Ganancia y la Satisfacción del Cliente, para mantener la posibilidad de que contrate una encuesta subsiguiente. El Lucro y la Complacencia son dos elementos que contaminan los resultados, que proviniendo de fuentes estadísticas, es decir de partes de un Universo supuestamente escogidas al azar, como una mínima proporción que va a representar al total del cual forma parte, son fácilmente manipulables, pues no hay forma de conocer a los individuos que fueron encuestados ni de constatar que las respuestas ocurrieron en la manera y cantidad en que son finalmente presentadas. Las Encuestas presentan dos características evidentes, que nos llevan a desconfiar de ellas; 1. Resultan favorables al contratante 2. Fallan considerablemente en sus diagnósticos o vaticinios. Que con frecuencia sean complacientes con quien las contrata, nos lleva a considerar la opción de que al elaborar, aplicar y analizar el Cuestionario y las Respuestas que obtiene, ya de antemano esas tres acciones llevan el propósito de lograr determinados resultados, que sean favorables al Cliente. La Redacción de las preguntas, el Orden en que son presentadas, los conglomerados en los cuales son aplicadas y su interpretación posterior, pueden conducir a resultados previamente concebidos, que pueden ser parcial o totalmente contrarios a la Realidad, dependiendo de la falta de Ética de ambos, Contratante y Contratado, su falta de escrúpulos para estafar a la Opinión Pública.

Las bases primordiales de una Encuesta son los individuos que presuntamente fueron consultados, en lenguaje aparentemente muy técnico y apoyado en gráficos nos presentan el número y la ubicación de los encuestados, asegurando que la herramienta cumple todos los requisitos para garantizar objetividad, rigor científico, lo que apuntala su carácter de método infalible para conocer las Opiniones y Tendencias de una Población, en base a las respuestas de una porción porcentualmente estimada como suficiente (y como para que no queden dudas, establecen hasta un margen de error del 0,2 % por arriba y por debajo de sus resultados, lo que, sumado a los datos de sexo, edades, y ubicación de los participantes, refuerza su imagen de instrumento de medición incuestionable).

La invisibilidad de los encuestados, su anonimato absoluto dentro de la bruma estadística, hace imposible que las personas comunes y corrientes tengan opciones para corroborar que verdaderamente existen, que participaron en esa Encuesta y que la misma refleja fielmente lo que ellos respondieron. La buena fe de la mayoría les da credibilidad, partiendo del supuesto -no negado en principio genérico- de que se trata de empresas serias, incapaces de inventar o adulterar la Encuesta misma o sus resultados. Hasta que los mismos chocan con la percepción individual de cada quien, produciendo un contraste tan grande, que hace incompatibles la visión que uno tiene de la realidad circundante con la visión que nos presenta esta “realidad surgida de un muestreo” realizado en el tiempo y en el espacio en que todos vivimos.

Si, por ejemplo, se realiza un Concierto en el Poliedro, y al día siguiente una reseña periodística señala que “hubo un lleno total en aquel recinto, y fueron satisfechas todas las expectativas del público a partir de impecables interpretaciones de los músicos invitados”, la absoluta mayoría de los que reciban esta información supondrán que es objetiva y refleja lo ocurrido en ese evento. Los que no asistieron al mismo, dependen de su buena fe en el medio y en el responsable de la noticia. Pero si el evento no tuvo esas características, y por el contrario hubo muy poco público y mucha insatisfacción pues la calidad del Concierto fue pésima, los únicos que sentirán el contraste entre la información adulterada y la realidad son los que estuvieron allí presentes; Público, artistas, técnicos, empresario, empleados del Poliedro y Personal de Seguridad. Quedará en evidencia que se engaña a la Población total, a fin de no perjudicar la trayectoria de los artistas y el negocio a futuro del empresario a cargo, en la suposición de que los pocos que saben la verdad de lo sucedido no van a desmentir a quienes produjeron esa adulteración por conveniencia propia.

Pero en el ejemplo anterior, existe la posibilidad, remota pero cierta, de que sea revelada la Verdad, si uno o varios de los asistentes al acto se proponen revertir la estafa y exigen al medio y al responsable de la información falseada, que se retracte y, por respeto a la Sociedad, haga saber la verdad absoluta. Pero en una Encuesta, salvo los que la hacen, no existen las personas de carne y hueso que pudieran ser testigos y dar constancia de que el evento ocurrió, y de que ocurrió de la forma en que nos lo describen, con la cantidad de encuestados señalados, en los espacios y fechas que se indican, con las respuestas que presuntamente obtuvieron, y que las mismas fueron interpretadas como corresponde. Yo tengo 65 años y JAMÁS he sido encuestado ni he visto realizar una Encuesta. Cada lector, algún familiar o amigo suyo, puede decir si ha participado alguna vez, siendo tantas las Encuestas que supuestamente han ocurrido y ocurren en Venezuela.

En cambio, todos hemos sido víctimas, o conocemos más de un caso, de quien ha sufrido un atraco, un secuestro, una violación, un asesinato, una golpiza, un abuso de autoridad, incompetencia y retardo en la tramitación de algún documento, denegación de Justicia, rechazo para un cargo por aplicación de la Lista Tascón (aunque se esté capacitado y se llenen los requisitos), extorsión o chantaje a partir de delincuentes o funcionarios, y todas las variantes que la Corrupción adopta, en este país donde más pesan las arbitrariedades y el tráfico de influencias, que las leyes y normativas vigentes. Igualmente conocemos de los aumentos de precios, las dificultades para conseguir determinados productos, cambios en la calidad y cantidad de algunos, somos los protagonistas del llamado Costo de la Vida. De modo que ninguna Encuesta puede venir a presentarnos una Realidad diferente de la que experimentamos a diario en carne y en sufrimiento propios, por mucho que la reproduzcan por prensa escrita, Radio y TV, así sea en Cadena. Las Encuestas derivan de porcentajes virtuales, nosotros somos la Realidad.

Cuando una empresa, a partir de una supuesta encuesta, afirma que no ocurre lo que nosotros percibimos cotidianamente, o que más del 50 % de los encuestados, que son la representación de la totalidad de la población, respalda la destructiva gestión de gobierno que ha hecho posible que la Inflación se mantenga sobre el 30 % anual (muy probablemente la mayor del planeta), la Inseguridad produzca sobre 19.000 asesinados cada año (75 por cada 100.000, también la máxima mundial), miles de empresas pequeñas y medianas tuvieran que cerrar o hayan sido arbitrariamente expropiadas, lo que necesariamente genera desempleo y ruina, que las empresas administradas por el Estado hayan visto reducir su producción, productividad y eficiencia, que el 70 % del consumo alimentario se satisface con Importaciones (de rubros que antes producíamos) y simultáneamente se dejan podrir los alimentos por cientos de miles de toneladas , que no sea capaz el sector público de construir en trece años las viviendas que en cinco años hacía cualquier gobierno anterior y que, en paralelo a todo lo anterior, se despilfarren miles de millones de dólares en Corrupción, compras de armamentos, y regalos a regímenes no democráticos, del Clan de déspotas corruptos e incapaces cuyo primordial objetivo es estrictamente personal: Mantenerse en el poder hasta la muerte, de ser posible estableciendo los mecanismos que garanticen que ellos puedan designar a sus sucesores vitalicios. Cuando las Encuestas deforman la Realidad que vivimos, sentimos y sufrimos, sabemos que mienten, sabemos que adulteran la Verdad, buscando en vano colocar su Espejismo sobre nuestras convicciones y certezas.

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