miércoles, 9 de marzo de 2016

Desagravio a Nelson Mandela.

Desagravio a Nelson Mandela. 

Edgard J. González.- 

15 Septiembre, 2013
      
La mediocridad es el sello en las actividades de Danny Glover, tanto en el campo de lo cinematográfico como en sus manifestaciones políticas. Salvo por el personaje que el director Spielberg le asignara en “El color púrpura”, los filmes en que ha participado han sido genuinas bazofias, destinadas al entretenimiento facilón de las masas mal habituadas a las ficciones de pésima factura, esas que niegan la Física y la Lógica, pero sirven al propósito de hacerle cosquillas al público con una retahíla de payasadas y escenas de supuesta acción, con exagerado derroche de disparos y vehículos destruidos, que nada aportan a la formación del espectador.
Glover no es el único miembro de la farándula perpetrador de malas películas, esos abundan, especialmente en los EEUU por la elevada cantidad de empresas dedicadas a la producción de filmes baratos que repiten el mismo contenido de incoherente violencia y situaciones pretendidamente cómicas, con un variable ingrediente de obscenidades y diálogos que no destacan por su brillantez o profundidad. Por supuesto que no habría la producción de tantos filmes intrascendentes y de pésima factura, de no existir el público dispuesto a pagar la entrada y malgastar noventa minutos en esas mediocridades, por lo que la respuesta de la taquilla estimula que sigan produciéndolas, pero que generen ganancias no les modifica su falta de calidad (tal y como en el campo editorial los best sellers son, en su gran mayoría, libros que complacen a los lectores flojos, ávidos de las insulsas parrafadas y los lugares comunes con que son elaborados, en base a la receta de las auto-ayudas y las historias cortas que poco esfuerzo exigen y nada dejan, excepto por la falsa creencia de que el libraco refleja “verdades” útiles para vivir bien).
Pero Glover, además de actuar en películas que deberían ser desechables, forma parte del, afortunadamente reducido, grupo de las “celebridades” que acostumbran declarar en torno a la escena política, a escala más que local, y en sus pretenciosos desvaríos se sumó al clan de chulos internacionales que nos visitan y reciben su porción del reparto proselitista e irresponsable del dinero de toda la Nación, por una secta que desde hace casi quince años destruye al país y estimula el parasitismo en nativos y ajenos.
Recientemente declaró a la prensa comparando a Chávez con Nelson Mandela, y eso da la medida de su falta de vergüenza, su oportunismo y su crasa ignorancia, pues pone al mismo nivel al acero ejemplar del africano y a la lata oxidada e inservible del barinés al servicio de la dictadura castrista. Chávez está en la antípoda de Mandela, sus acciones tuvieron precisamente la impronta de todo lo contrario de lo que el extraordinario sudafricano hizo, y obviamente no serán tratados en términos de igualdad cuando la Historia, desde su imprescindible imparcialidad y erudición, los juzgue y plasme en retratos, para que las futuras generaciones del planeta conozcan a ambos personajes.
Chávez, como Glover, fue un mediocre en todo cuanto emprendió; como estudiante, como pitcher, como militar. Su medianía en los estudios lo habría llevado a rebuscarse en cualquier oficio que no exigiese mucho, de no haber sido por el azar que dispuso para él su infiltración en las Fuerzas Armadas de Venezuela, como parte del Plan B de la guerrilla respaldada por el mito de la revolución castrista, y el hecho fortuito de que en la Academia Militar necesitaban un pitcher para el equipo de beisbol, factor que compensó por el buen rendimiento estudiantil, que era el requisito regular y que en su caso le habría cerrado las puertas de la vida militar. Nunca descolló, salvo por su afición a payasear en cuanto acto cultural o fiesta patronal le ofreciera la ocasión de “perifonear” y entretener a la masa con sus superficialidades frente al micrófono. No en balde su apodo fue Tribilín, retrata al charlatán embaucador que siempre fue.
Chávez no fue el único que fue infiltrado en las FFAA, hubo docenas, quizás cientos como él, que llevaban la orden de permanecer “dormidos”, pasar inadvertidos, hasta que alcanzaran el rango de Tenientes Coroneles, y usaran el mando sobre parte de la tropa para alzarse y tratar de tomar -desde adentro de la Institución y con las armas que la república les había confiado bajo juramento- el poder que también trataron de lograr por la misma vía violenta, con asesinatos, emboscadas, atracos, secuestros, cuando iniciaron su Plan A, inscrito en el proyecto fidelista, con las guerrillas urbanas y rurales que nunca obtuvieron apoyo popular y fracasaron estruendosamente, dejando un vergonzoso rastro de muerte y destrucción, que hoy -con las Instituciones bajo su control- pretenden maquillar, y darle pátina de honrosa y digna, a una etapa de oportunismo barato, de criminales arbitrariedades, y de vulgar irrespeto a la voluntad popular que quinquenio tras quinquenio legitimaba las opciones democráticas y reiteraba su absoluto rechazo a la opción que, mediante la violencia, buscaba imponernos una variante del esquema colectivista, sectario, intolerante y castrador de libertades y oportunidades, que ya había mostrado sus fauces en todos esos países donde la urdimbre estalinista o su rama maoísta ya tenía sometidos bajo su yugo a los pueblos que por degeneración geopolítica habían quedado en ese marco del colectivismo al final de la 2ª guerra, en 1945.
El topo Chávez no se mantuvo de total bajo perfil como era prudente, pero en un país donde la improvisación y el aventurerismo son habituales, sus andanzas como “el espía Salazar” -de todos conocidas- organizando su secta militar desde muy temprano, en lugar de ganarle la expulsión deshonrosa que merecía, le permitieron no sólo continuar su labor golpista, sino que a pesar de las acciones criminales de la secta en febrero y noviembre del 92, apenas los mantuvieron en prisión por dos años, y para garantizarles plena libertad de movimiento interrumpieron los juicios y sobreseyeron los casos (si les hubieran dictado sentencia, aunque los hubiesen indultado luego, no habrían podido participar libres de pelo y paja en procesos electorales, hubo complicidades para beneficiarlos). El agotamiento del modelo bipartidista, gradualmente degenerando de organizaciones altruistas al servicio del país, a grupos ambiciosos cuyos líderes buscan el beneficio propio, aunque repartan migajas a su alrededor, favoreció la candidatura de Hugo Chávez, que ofreció luchar contra esos defectos, y en cambio los multiplicó, junto al militarismo y la bochornosa entrega al expansionismo del fracasado proyecto castrista, del cual siempre han formado parte agentes como Chávez, Maduro, Jaua, Alí Rodríguez, Jorge Rodríguez y Rafael Ramírez. Desde los inicios en 1999 Hugo Chávez se dedicó a sembrar la división y los odios entre los venezolanos, usando la ignorancia y el resentimiento de los marginales, para enfrentar a los venezolanos, en base al falaz, demagogo y cínico discurso de ricos contra pobres, de blancos contra negros, de cultos contra analfabetos, de burgueses contra proletarios, de malos contra buenos, apátridas contra patriotas. Un reduccionismo carente de matices, sin argumentos ni discusión.
Nelson Mandela estuvo 27 años en la cárcel, sin privilegios y obligado a picar piedras y soportar terribles aislamientos, una visita y una carta cada seis meses. La prisión de Robben Island es el ícono representativo de ese largo vía crucis, del cual sin embargo emergió sin resentimientos ni ansias de vengarse de sus verdugos. Nada siquiera remotamente parecido con la rochela del Cuartel San Carlos y Yare, donde los golpistas del 92 disfrutaron de frecuentes visitas, entrevistas a los medios, y a pesar de las docenas de muertes y la destrucción que sus prepotentes actuaciones causaron, salieron totalmente libres (sin obligación de presentarse periódicamente ante un tribunal, sin prohibición de declarar, sin condiciones que les pusieran límite alguno, sin haber sufrido torturas -como los arbitrariamente detenidos por protestar el FRAUDE del 14 de abril-, ni enfrentado todo tipo de vicios legales, como en los aberrados casos de Franklin Brito, Simonovis y Affiuni, por citar apenas tres, de la extensa y vergonzosa lista de perseguidos políticos de este régimen).
En Suráfrica, la minoría blanca mantuvo el poder con mano de hierro, pero de continuar esa tensión social, política y económica, la alternativa era la guerra civil, de la cual habría derivado una elevada mortandad, y el estancamiento que sigue a cualquier guerra, puesto que todos los grupos humanos involucrados hubieran pagado una cuota de sacrificio y pérdida de vidas. Mandela demostró tener madera de Estadista y de genio de la política, pues en contra de lo que pensaba y deseaba la mayoría negra que lo eligió Presidente en 1994, en lugar de buscar la revancha (siendo él uno de los que más sufrieron con la represión de los blancos en el poder), se esforzó por la reconciliación. En vez de guerra civil, convivencia y cooperación entre las diversas etnias, lo que permitió que su país no tuviera que dedicar tiempo y dinero a reconstruirse, a formar los profesionales y técnicos que la nueva etapa exigiría (si la insensatez hubiera prevalecido y la gente capaz de mantener y mejorar la economía hubiera sido eliminada o exiliada).
Las principales etnias de Suráfrica son los Zulúes, la más famosa, y los Xhosas, de la que proviene Mandela (el nombre Nelson se lo puso una maestra inglesa), y también entre esas dos etnias había conflictos y propuestas distintas. Tuvo que limar asperezas entre diversas etnias negras, y superar la rabia acumulada por el Apartheid desde 1948. Utilizó al equipo de Rugby (con un solo jugador negro) para catalizar la unión que su sueño de un país en tolerancia y concordia requería, para evitar la guerra civil que casi todos veían inevitable. Todo lo contrario del obsoleto agente castrista que desperdició el haber tenido en febrero del 99 respaldo popular, dinero y otros recursos, para cumplir sus ofertas de modificar para bien al país, perfeccionar la Democracia, profundizar los factores que conducen al bienestar general, gobernar para todos. Chávez sólo supo sembrar odios siguiendo el patrón estalinista, destruyó la Institucionalidad y la Economía, expropió y estatizó empresas sin poder mantener su productividad, conduciéndolas a la quiebra. Por más de 14 años el régimen sustentado en el carisma de Chávez, criminalizó la disidencia, y sistemáticamente amenazó con la guerra civil para frenar las protestas y las denuncias. Estimuló y promovió la delincuencia, al punto de haber multiplicado por más de cinco las estadísticas de atracos, asesinatos y secuestros, y la Corrupción ha conocido no sólo aumentos sino nuevas y peores modalidades. No es calificable sino de FASCISTA su Lista Tascón, que promoviera y aplicase desde el 2003, para establecer el vergonzoso Apartheid chavista, aun en uso.
Donde deben buscar Glover y los demás chulos internacionales, referencias para su adulación remunerada, es en Robert Mugabe e Idi Amín. Sin restricciones pueden descubrir similaridades en Megalomanía, Corrupción, Fraudes electorales, Represión, pésimas gestiones de gobierno, Demagogia, Populismo, Militarismo, Asistencialismo proselitista que consolida el parasitismo de los seguidores, Estancamiento y Retroceso. Agresividad y Patanería.
Quienes deseen conocer más al gran Mandela, apodado Madiba (venerable), con 95 años y serios problemas de salud, a quien respetamos y admiramos, deberían disfrutar del film “Invictus”, protagonizado por Morgan Freeman y Matt Damon, y dirigido por Clint Eastwood, como leer alguno de los libros basados en su biografía. Quienes deseen conocer más sobre Chávez, sólo tienen que abrir los ojos y palpar la realidad que produjo en Venezuela, con sus odios, sus charlatanerías, sus bravuconadas, payaserías, chabacanerías, cobardías, resentimientos, y la estúpida terquedad de imponer el anacrónico y criminal esquema estalinista que ha fracasado en todos los países donde lo han experimentado. Comparar a Mandela con Chávez, equivale al insulto de colocar al mismo nivel a Ghandi con Hitler, a la Madre Teresa con Perón, a Cristo con Ghadaffi.
(*La escultura a Mandela se muestra al visitante como un amasijo de hierros, hasta que, desde un específico punto en el recorrido a su alrededor, aparece bien definida la imagen del extraordinario Estadista).


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